Se apagaron mil estrellas.
Murieron los versos.
Rasgo mi alma
tu muerte inesperada.

Fuiste mi alumno,
te revelé los poemas
que silenciosos dormían
en tu maravilloso corazón.

Fuiste mi maestro,
me enseñaste a luchar,
a conquistar cada espacio
en que me tocará vivir.

Un poeta murió.
Se apagó su sonrisa
su fuerza, sus poemas.
Su mar, sus montañas
sin color quedaron.

Un dolor intenso
tu muerte causó,
se transformó en plegaria.

Amado poeta
¡Qué vivas con Dios!

La poesía que te prometí
Y que nunca leerás

 
   
 


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